Ecuador y Japón tienen similitudes más profundas
que las
que usualmente se perciben. Ambos comparten
geología
volcánica que en la vida diaria sus poblaciones disfrutan en
los
baños termales, llamados onsen en Japón. El
parecido del
Fuji y nuestro Cotopaxi sorprende a los viajeros. La música
andina comparte escala musical y características con la
tradicional japonesa. Las cerámicas elaboradas por
culturas ancestrales japonesa de Jomon, y la ecuatoriana en Valdivia,
tienen en las maternidades su representación central.
Artesanías, fiestas populares y gastronomía
presentan
coincidencias evidentes, al igual que los contenidos y alcance de las
obras de creadores literario y plásticos.
Me gusta pensar que ambos países son vecinos, unidos por el
Pacífico, y que el enriquecedor intercambio
político,
cultural, económico y de cooperación al
desarrollo que
mantenemos desde hace décadas, producto de los 90
años de
relaciones diplomáticas que conmemoramos en el 2008, se
multiplicará en un futuro cercano, como reflejo de los
anhelos
compartidos por ambos pueblos de que la paz y el desarrollo sostenible
guíen la acción de la comunidad internacional.